En la religión de los pueblos celtas, un dios ocupaba lo más alto del escalafón. Los galos le llamaban Lugus, los irlandeses Lugh y los galeses Lleu. En la ciudad de Lugdunum (actual Lyon), llamada así en su honor, se celebraba el Lugnasah, un festival que celebraba el matrimonio sagrado entre este dios y la Tierra. Al bosque sagrado de Lugh acudían druidas y devotos de los pueblos celtas desde lugares de toda Europa, convirtiendo aquellas reuniones en uno de los eventos más importantes de la religión celta. El emperador Augusto estableció que aquella fiesta, que se celebraba en la capital de la Galia romana, fuera un festival del imperio, dirigiendo hacia su persona el rito sagrado con la intención de usurpar la figura del dios celta en sí mismo y asegurarse la fidelidad de sus súbditos. Por eso a nadie le puede sorprender que en el año 12 a.C., Roma decidiera fundar en la Gallaecia una importante ciudad con la que sellar la paz con los galaicos y proteger el Bosque Sagrado de Augusto. Con el tiempo, este lugar llegaría a convertirse en la capital de toda Hispania Superior y en el asentamiento urbano más antiguo de la Galicia actual: Lucus Augusti. Lugo.
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