Durante la Segunda Guerra Mundial, los servicios de inteligencia aliados se toparon con un misterio que les desconcertaba tanto como los movimientos de las tropas nazis: la voz de Adolf Hitler sonaba en la radio con una fidelidad extraordinaria. Su secreto era ingeniería alemana de vanguardia, ya que los ingenieros de AEG habían creado una máquina revolucionaria que sustituía los viejos cilindros y discos por una cinta magnética plástica capaz de capturar el alma del sonido sin distorsiones. Tras la caída del Reich, esta tecnología fue el botín de guerra más codiciado, una batalla en la que el gigante holandés Philips fue el ganador. Parecía que nadie podía escapar al dominio de los de Eindhoven, pero en una pequeña ciudad del noroeste de España, lejos de los laboratorios secretos y de las intrigas internacionales, dos hermanos gallegos habían logrado descifrar el enigma del sonido por su cuenta, creando una máquina que miraba de tú a tú a los gigantes europeos. Esta es la historia de los hermanos Portela Seijo, los genios de Santiago que se atrevieron a decir «no» a los dueños del mundo.
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