3X15 La huella del Tercer Reich en Galicia: las Torres de Arneiro con las que Hitler quiso dominar mar y aire de toda Europa


El 4 de octubre de 1957, la URSS ponía en órbita el Sputnik, el primer satélite artificial de la historia de la humanidad, una esfera de 50 centímetros de diámetro que emitía un “bip” cada pocos segundos en una frecuencia fácil de captar por cualquier radioaficionado, un inteligente movimiento para que, quien así lo deseara, pudiese registrar sus pasos sobre el cielo. Dos físicos estadounidenses sospechaban que todo aquello era un engaño de los soviéticos, así que se pusieron a trabajar hasta que, a media tarde, ya escuchaban aquel “bip”. La noticia se difundió en la Universidad de Maryland y pronto averiguaron que, por efecto Doppler, podían saber si el satélite se acercaba o se alejaba, así como su velocidad, dando con la técnica para calcular la trayectoria de un satélite. El director del Departamento de Física les propuso el problema inverso: ¿Podría averiguarse la posición de un objeto receptor en la Tierra que captara la señal de un satélite conociendo la órbita de dicho satélite? Tras unos intensos días de cálculos descubrieron que sí, que era posible. Aquel sistema de localización llegaría a ser conocido como Global Position System: GPS. Años antes, la Alemania nazi había concebido el Sistema Consol, un sistema de radiofaros creado para detectar la posición de sus submarinos, barcos y aviones en medio mundo y que Franco autorizó instalar en España. Una de las estaciones de seguimiento de aquel sistema estuvo en Lugo, en un lugar que forma parte de la huella dejada por el Tercer Reich en Galicia: las Torres de Arneiro.

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