En 1887, la periodista Nellie Bly fingió estar loca para infiltrarse en un manicomio de Nueva York. Pasó diez días encerrada entre mujeres que gritaban, lloraban o permanecían en silencio absoluto sin recibir tratamiento alguno, apenas comida, y durmiendo sobre suelos húmedos. Cuando Bly logró salir y publicó su investigación, el mundo entero se horrorizó, porque aquel manicomio no era un hospital, sino una prisión donde la razón y la dignidad se apagaban lentamente. Aquel reportaje cambió la historia de la psiquiatría moderna, pero mientras en Estados Unidos la denuncia de Bly sacudía conciencias, en Galicia se escribía un capítulo propio. En 1885, apenas dos años antes de la investigación de Bly, Santiago de Compostela inauguró el primer manicomio de Galicia y uno de los más antiguos de toda España. Nació con el mismo propósito que aquel de Nueva York, atender a los enfermos mentales bajo el amparo de la ciencia y la caridad, pero pronto se transformó en una institución donde el poder médico, religioso y social dictaba quién merecía la libertad y quién no. En poco tiempo, aquel lugar se convirtió en el espejo del mundo que Nellie Bly había denunciado, un infierno donde miles de gallegas fueron encerradas por “alborotadoras”, “impertinentes” o “inmorales”. Esta es la triste historia del manicomio de Conxo.
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