En la mitología griega, el rey Minos de Creta impuso a la ciudad de Atenas un terrible castigo tras ganar la guerra: el envío anual de siete jóvenes y siete doncellas para ser devorados por el Minotauro en el laberinto. Aquel sacrificio ritual sumía a la ciudad en una gran desesperación al ver partir los barcos de velas negras hacia Cnosos. Sabían que sus hijos servirían únicamente para saciar el hambre insaciable de una bestia antinatural oculta en las entrañas de la tierra. Una sangrienta condena que solo terminó cuando el héroe Teseo decidió que la dignidad de su pueblo valía más que el miedo al monstruo. Siglos más tarde y mucho más cerca de nosotros, la historia pareció repetirse con una crueldad renovada bajo el reinado de un monarca cristiano quien, cegado por la ambición de poder, aceptó convertir a las mujeres de su reino en moneda de cambio para satisfacer al invasor islámico. Pero al igual que ocurrió en el mito clásico, hubo quienes se negaron a agachar la cabeza ante la infamia, protagonizando una improvisada revuelta que cambiaría para siempre el destino de la Reconquista y daría origen a uno de los linajes más ilustres de Galicia. Esta es la historia del lugar donde el Tributo de las Cien Doncellas comenzó a morir y del nacimiento de los Figueroa: la Torre de Peito Bordel.
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