Cuando los marineros de Rodrigo de Jerez, aquel explorador que acompañó a Colón en su primer viaje, vieron a los nativos de la isla de Cuba exhalar humo por la boca tras prender unas hojas secas enrolladas, no podían imaginar que aquel extraño ritual acabaría convirtiéndose en una de las industrias más lucrativas, sofisticadas y polémicas de la historia moderna. Para ello, los europeos transformaron una planta sagrada, a la que los indígenas atribuían poderes medicinales y espirituales, en un símbolo de estatus, placer y poder capaz de mover fortunas incalculables y crear imperios comerciales. El poder del tabaco llegó a ser tan extraordinario que, en las cortes europeas, rivalizaba con las arcas de los propios estados. Por eso, el hombre que consiguiese dominar este arte ancestral mejor que nadie podría llegar a convertirse en una de las personas más importantes del planeta. Uno de estos reyes fue un gallego que cruzó el Atlántico con los bolsillos vacíos y regresó convertido en leyenda, demostrando a su país que el verdadero éxito no reside en acumular riquezas para uno mismo, sino en saber devolverlas a la tierra que te vio nacer para transformar su destino. Esta es la historia de Pedro Murias, el Rey del tabaco.