Cuando el Canal de Suez se inauguró en 1869, Europa celebró que la ingeniería había conquistado el mar. Miles de barcos comenzaron a cruzar aquella luminosa vía como si la historia hubiese encontrado un atajo definitivo, pero la euforia duró poco. En los meses siguientes a su apertura se multiplicaron las tormentas, los encallamientos y los naufragios. Suez no había cambiado a la naturaleza, ni a nuestra propia fragilidad, porque el agua siempre tiene la última palabra. Un siglo más tarde, esa misma lección volvería a golpear, pero esta vez en Galicia. Frente a la costa de A Coruña, una tragedia dejó al descubierto una incómoda realidad. ¿Cómo era posible que, en uno de los puertos pesqueros más importantes de todo el Atlántico, el lugar desde donde partían cientos de barcos hacia Terranova y el Gran Sol, apenas existiesen medios organizados para rescates? Aquella triste madrugada de 1970 cambiaría para siempre la historia, porque de ese dolor nacería un nuevo sistema, una forma distinta de mirar a los océanos y una responsabilidad que cambiaría nuestros mares para siempre. Porque de ese accidente nació el servicio de Salvamento Marítimo y la primera base operativa de la Cruz Roja del Mar.
Gracias por suscribirte
Ahora recibirás un mensaje de bienvenida en tu cuenta de correo electrónico.
Si no ves el email en la bandeja de entrada recuerda que a veces, dependiendo de tu gestor de correo algunos emails pueden caer en la bandeja de spam o de promociones.
Añade mi email a tus favoritos u agenda y así siempre recibirás mis emails en la bandeja principal.